Una semana en un hotel (part I)
enero 13th, 2012 § Dejar un comentario
Martín se va a vivir un mes a la habitación de un hotel ubicado en la avenida de alguna ciudad Bonaerense. En una semana el intendente va a pasar desfilando y quiere matarlo, disparando un rifle como mataron a JFK. Durante esa semana su habitación será visitada por amigos, parientes, una ex novia y desconocidos, que usarán el lugar para realizar sus actividades cotidianas, incluyéndolo en ciertos momentos y en otros ignorándolo. Cuando el intendente pasa desfilando, la habitación está llena de personas que no se conocen entre sí, pero que tienen en común esa semana en esa habitación. Miran por la ventana atentos, el intendente pasa. El rifle falla, nunca lo había probado.
Lunes 15:35 hs. Faltan 6 días para el desfile.
Suena el teléfono de la habitación. Martín atiende. El encargado le dice que una chica quiere hablar con él. Martín escucha la voz de su anterior ex novia, Laura, quien le pregunta si puede subir a verlo. Martín acepta, le intriga cómo tiene el pelo esta vez. Se escuchan 2 golpes, una pausa y otro golpe. Martín abre la puerta, Laura tiene el pelo corto, le recuerda a Araceli González. Detrás de ella un hombre moreno, con musculosa amarilla desteñida bien apretada y un jogging blanco, lo mira sin pestañear. Tiene la musculosa adentro del pantalón. Laura pasa caminando a su lado y dice algo así como “holaquétalpermiso”. Martín cierra la puerta.
Laura saca de su mochila de los Rolling negra, tres bloques de hojas A4 impresas con párrafos y párrafos, le entrega uno al muchacho de la musculosa, uno a Martín, ella se queda con el restante. “Vos vas a ser el avestruz” Le dice a Martín. “Yo el verdugo y él el campesino, dueño del bicharraco”. Laura toma a Martín por la parte de atrás del cuello, lo tira hacia abajo, trae la silla y le apoya un lado de la cara. Le sostiene con fuerza la cabeza, y levanta y su otra mano en la que tiene el bloque de hojas. “¡No lo haga! ¡Por favor! Se lo suplico, mire se lo suplico”. El muchacho de musculosa cae de rodillas, junta sus manos como si fuera a rezar, y la mira a Laura con lágrimas en los ojos. “El Señor Retegui ya le dio demasiado tiempo para saldar lo que le debe, es hora de que empiece a pagar con sus bienes, viejo decrépito”. “Máteme a mí, pero no a Alfonso, no Alfonso por favor…” El muchacho apoya su cara contra el suelo y llora, Martín extiende su mano derecha, le palmea la espalda. Laura le pega en la muñeca de manera violenta con las hojas. A Martín le duele pero no se queja. El muchacho en cambio grita como si le hubieran pegado a él. “Máteme a mí, máteme a mí” vuelve a repetir. Laura suelta a Martín, quien se levanta con la mitad de la cara marcada por el entramado del tapizado de la silla. El muchacho se coloca en el lugar de Martín, y Laura le pega en el cuello con el bloque de hojas. Los dos se levantan, se dan un beso en la boca, lo miran a Martín, y tras un “élesminovioyprofesordeteatroRamón” se van de la habitación. Martín mira la primer hoja, parece un guión. Lleva el título “Mi vida por la de Alfonso el avestruz”.











